La educación para la paz y los derechos humanos tiene su origen en dos vertientes: una proviene del ámbito pedagógico educativo y la otra del análisis que las ciencias sociales desarrollan a partir de las dos guerras mundiales.
En lo que respecta al ámbito educativo, a finales del siglo XIX surge la llamada Escuela nueva que cuestionaba los modos de enseñanza de la Escuela tradicional. Aunque la primera no fue un movimiento homogéneo (dada la diversidad de planteamientos de sus representantes), destaca que el elemento común es la concepción de la o el educando como sujeto activo en el proceso educativo, así como la renuncia a emplear el autoritarismo para infundir miedo, otorgar recompensas ante una “buena” acción y el empleo del castigo como remedio. Cabe destacar como principales teóricos de esta escuela a Montessori, Bovet, Decroly, Freinet, Pestalozzi y Dewey. Otra característica común de estos autores es el llamado utopismo pedagógico, pues consideran a la educación como pilar fundamental de la sociedad y del cambio social. Dentro de esta concepción, algunos autores como Montessori, le dan mayor protagonismo a la o el educando, mientras que otros, como Rosselló, a la o el educador o docente.
Al terminar la Primera Guerra Mundial, la Escuela nueva adquirió gran auge ante los cuestionamientos sobre la guerra y la paz, y el papel de la educación como motor de transformación, de tal modo que surgieron los primeros planteamientos de la educación para la paz con el propósito fundamental de contribuir en el manejo de las tensiones y los conflictos. Después de la Segunda Guerra Mundial los cuestionamientos sobre la construcción de la paz se profundizaron al considerar que si se nos ha entrenado para la guerra, es momento de aprender la paz, hay que ejercitarnos para la convivencia armónica.
En 1974 la UNESCO difundió La recomendación para la comprensión, la cooperación y la paz internacionales y la educación relativa a los derechos humanos y las libertades fundamentales, documento que planteó que la educación debía contribuir a la construcción de la paz y la comprensión del orden mundial en términos de colonialismo y neocolonialismo.
Posteriormente, en 1995, la misma UNESCO aprobó la Declaración y Plan de Acción Integrado sobre la Educación para la Paz, los Derechos Humanos y la Democracia, donde destaca la necesidad de incluir en los currículos escolares la enseñanza de la educación para la paz, la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, el combate a la discriminación, el pluralismo, la prevención de conflictos y el diálogo, entre otros temas.
La educación para la paz busca:
- Desmitificar la idea del ser humano como un ser violento por naturaleza.
- Desmitificar el fenómeno de la guerra como un hecho implacable en la historia mundial.
- Concebir el conflicto como inherente a toda sociedad humana, pero visto de manera positiva como oportunidad de aprendizaje.
- Educar en el manejo del conflicto y las tensiones, empleando al primero como estrategia de aprendizaje.
- Educar sobre ciudadanía y corresponsabilidad.
- Promover actitudes como la tolerancia, el diálogo, la escucha, la empatía, la cooperación, la solidaridad y la comunicación, entre otras.
- Promover el respeto al medio ambiente.
- Promover la justicia social a través de la cultura de la exigencia y la denuncia, el respeto a los derechos humanos y el combate de las desigualdades sociales.
- Promover la autonomía y la toma de decisiones.
- Promover la convivencia solidaria en un mundo multicultura.
Bibliografía
Manual para construir la paz en el aula. Proyecto Juventud sin violencia, CDHDF. Primera edición, 2007.
Educación para la paz y los derechos humanos.

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